¡YA NI LA FRIEGAN, SALGAN A VOTAR!

Antes que nada, para hacer referencia al abstencionismo electoral en México, es menester mencionar el sinuoso y tortuoso camino por el que hubo de transitar la consecución de la Democracia en nuestro país.
Después de poco más de siete décadas de una dictadura de partido denominada por algunos politólogos como la “dictadura perfecta”, el Partido Revolucionario Institucional dejó el poder a consecuencia de una real transición democrática.
Este logro, fue en gran medida, gracias a que la organización logística en general de las elecciones, pasó de manos del Estado a manos de un instituto creado ex profeso para tal propósito. Este instituto denominado Instituto Federal Electoral (IFE por sus siglas), fue pilar fundamental para la paulatina gestación de una transición democrática efectiva, de una transparencia sin precedentes en los comicios y de una participación ciudadana mucho más conciente de la pulcritud de las elecciones y de que la premisa de “una persona un voto”, era por primera vez una realidad.
De este Instituto y de la democracia, los mexicanos nos podemos sentir orgullosos, pues esta (a pesar de ser de las más caras del mundo), goza de gran prestigio mundial. Prueba de ello, es que en fechas recientes la Organización de las Naciones Unidas escogió al Instituto Federal Electoral Mexicano para que fuera el órgano capacitador de los consejeros electorales iraquíes para sus primeras elecciones democráticas.
No obstante lo anterior, me parece que los mexicanos aún no se encuentran plenamente concientes del precio no solamente económico, sino también del humano de nuestra democracia, todavía no asimilamos el costo de la sangre derramada por los mártires de la democracia (Maquío, entre otros).
Ahora bien, es cierto que los mexicanos se encuentran en una fase de “desencanto” hacia los partidos políticos y de quienes los integran. Los políticos hoy en día disfrutan de una clara desaprobación y desconfianza por parte de la ciudadanía. Sin embargo, es de suma importancia hacer una separación entre los políticos y el órgano que auxilia a su elección, ya que el segundo sin lugar a dudas es mucho más transparente y creíble que el primero.
Los ciudadanos no salen a votar por ese desencanto y desilusión que tienen hacia los políticos, pero no se dan cuenta que es precisamente la herramienta que nos otorga la democracia, el sufragio, lo que nos permite revalorar el rumbo que le queremos dar al país, al estado, al municipio, al congreso local y al federal, etc.
Si un partido político o un político en lo particular no cumple cabalmente con sus compromisos, la ciudadanía deberá hacerles saber su descontento a través del voto, tal y como sucedió aquel 2 de julio del 2000. Y de la misma manera, si cumplen con las expectativas de los ciudadanos, estos se los premiarán con la ratificación y continuidad de su proyecto político.
En consecuencia, por cada ciudadano que se abstiene de votar en los comicios no sólo es dinero tirado a la basura, insisto, es también escupirles a las cara a aquellos grandes mexicanos que entregaron su vida para darle democracia a este país, es hora de crear conciencia y de honrar la memoria de los mexicanos caídos en pos de la democracia… es tiempo de salir a votar.


2 Comments:
Debemos abandonar la ideosincracia de la señora que va al mercado: si se desencanta, ya no va.
El voto es un derecho ganado con sudor y sangre, no es una graciosa concesión.
¿Con qué cara se exige lo que no se elige?.
¡¡¡Vota, vota, vota!!!
12:02 PM
Así es, es OBLIGACION de todos ir a votar. Si ya en la boleta, decides anular tu voto, ya es otra cuestión, lo importante es que se CONTABILICE el mismo. Porque de esta manera, además de ejercer el derecho y obligación de votar, el universo de votos contados aumenta y el porcentaje de cada partido cambia. Y si no se logra la mitad de los votos contabilizados, se tiene que repetir la votación.
10:55 AM
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