LE PERDÍ EL GUSTO A LA NAVIDAD

Le he perdido el gusto a la navidad.
Aquella edad en la que todo era recibir y nada de dar, ha pasado a formar parte como una de tantas memorias llenas de gozo, dicha y paz de la infancia.
Ahora el desasosiego comienza: desde que entramos a la edad adulta y comenzamos a ganar unos centavillos, nuestros seres queridos creen que no sólo ya no merecemos recibir ningún obsequio, sino que nos vemos terriblemente mal de no gastarnos algo de nuestro bien habido aguinaldo en regalos para ellos.
No soy ningún codo, aclaro, pero a veces parece ser que el ansiado aguinaldo, esa única oportunidad del año para comenzar de nuevo a ahorrar, se desvanece en la medida que comienzan las peticiones familiares.
Lo peor empieza en enero, mes en el que comienza el calvario de los pagos de las tarjetas de crédito y del recuento de los daños.Y para acabarla de amolar, no falta quien para salir avante de la cuesta, te pide prestado aquel "guardadito" que dejaste para cualquier contingencia, lo cual, te reduce a cero tu jugosote e inaparentemente agotable aguinaldo.
¡Me lleva!, no es que sea uno egoista pero ojalá el aguinaldo nos llegara en otras épocas del año en las que no tuvieramos que regalar. Me duele el codo y la cartera.



